Le puedes
encontrar todas las tardes en el café que hay junto a la estación de tren, le
gusta sentarse junto a la ventana desde la que puede ver la llegada y la salida
de los trenes, pero lo que más le gusta es poder ver el andén, se queda horas
mirando a la gente y su imaginación vuela, sus cicatrices se cierran y siente
que vive otras vidas.
Siempre que
cierra los ojos se imagina como Elliot Ness en las escalinatas de una estación
envuelto en un tiroteo, otras veces se ve en la piel de Omar Shariff recorriendo
las estepas rusas, en ocasiones su soledad le hace sentirse como Gary Cooper en
“Solo ante el peligro”, esperando la llegada del tren que le marcará su destino.
Pero una vez
empieza a soñar, su imaginación no se queda en los andenes, ni en las
estaciones, viaja por su infancia, por sus sueños, siempre soñó ser Burt
Lancaster y en compañía de su inseparable amigo sordomudo vivir miles de
aventuras, ser el temible burlón o el halcón y la flecha y surcar los mares.
A veces se siente
solo, con la sensación de que sólo puede confiar en un par de amigos y en su
mente empieza a sonar el toque a degüello y se ve en la piel de John Wayne
esperando dentro de la cárcel en ”Rio Bravo”.
Le gustaría cantar
una canción bajo la lluvia o ser un viejo borracho tras una estrella errante,
en una ciudad sin nombre, sueña con desafiar a las águilas o volar los cañones
de Navarone.
A veces ella
aparece en sus sueños y su rostro cambia, es difícil saber si hay odio o
ternura, pero suele verse en el aeropuerto de Casablanca despidiendo a Ingrid
Bergman, sabiendo que no volverá a verla o en las praderas irlandesas siendo un
hombre tranquilo que en su rudeza conquista a Katharine Hepburn.
Cuando vuelve a
la realidad, le gusta contar que siempre soñó con ser actor y que una vez
estuvo cerca.
Pocas veces se
atreve a contar la historia, pero cuando la noche se hace larga y el alcohol
hace mella en él, cuenta que al enterarse de que se iba a rodar una de las
escenas de “El Cid” en la playa de Peñíscola y que se buscaban extras, se
acercó hasta allí y le dejaron participar en la escena.
Lo que no suele
contar es que esa escena tuvieron que repetirla y que él ya no estaba allí, se
tuvo que repetir porque uno de los extras no dejó de mirar a Sofía Loren
mientras Charlton Heston galopaba muerto a lomos de Babieca.
Bravo, Joaquín. (Sombrero)
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