lunes, 27 de abril de 2015

EL ACTOR

Todavía podía escuchar los aplausos cuando entró en el camerino, el camino que le llevaba desde el escenario hasta allí siempre le resulto frío, muchos de sus compañeros tenían un subidón en ese recorrido, alguno incluso lo comparaba a un orgasmo, sin embargo para él era el principio del fin, cada vez que terminaba su actuación tenía la sensación que había sido la última, no entendía cómo era posible que la gente siguiese yendo a verle hacer lo mismo tantos años.

Ya sentado frente a aquel enorme espejo, se quedo mirándose fijamente durante un periodo de tiempo que le fue difícil calcular, cuando volvió de ese estado de semiinconsciencia, suspiro profundamente y se quitó el micrófono, odiaba actuar con micrófono, decía que le distanciaba del espectador, que lo que ellos oían no era su voz. Durante sus primeros años consiguió actuar sin él, proyectaba la voz y el público quedaba asombrado, escucharle era trasportarse a otros mundos, conseguía que como espectador sintieses durante la representación que el mundo cobraba sentido, que el tiempo no era un invento.
Con los años su voz se fue resintiendo, “los estragos de la edad y del alcohol”, se dijo a sí mismo el día que no tuvo más remedio que actuar con micrófono.

Sacó la botella de Jack Daniels que tenía guardada y lleno un vaso, tras el primer trago empezó a quitarse el maquillaje, no pudo evitar derramar una lagrima, le ocurría siempre al desmaquillarse, cuando veía su cara reflejada en el espejo con el maquillaje mezclado con el sudor y el vaso en la mano, le hacía imaginarse un payaso borracho y llorando, aquella imagen siempre le había perseguido, siempre pensó que era una de las imágenes más tristes que se podían contemplar y siempre tuvo miedo de convertirse en ese payaso, si no lo era ya.

Tras rellenar de nuevo el vaso sus ojos se quedaron fijos en las dos fotografías que estaban en las esquinas del espejo, en la izquierda la foto de su padre, con el mismo maquillaje que él acababa de quitarse, nunca se sintió a gusto cada vez que le comparaban con su padre y en cambio allí estaba, haciendo lo mismo que él y durante tantos años como él. A la derecha del espejo la foto de ella, siempre tocaba la foto antes de salir del camerino para subir las escaleras que le llevaban al escenario y siempre pensaba en las últimas palabras que ella le dijo cuando los focos se encendían y la música le daba su entrada, “es imposible que puedas llegar a querer, no te quieres ni a ti mismo”.

Siempre perdía la cuenta de las veces que rellenaba el vaso, cada noche permanecía en aquel camerino una vez acabada la función bebiendo y mirando las fotos, hasta que una voz le decía que el teatro se iba a cerrar, entonces cogía su vieja chaqueta y salía a la calle, apoyaba su mano en una de las paredes del teatro y en un susurro le decía “hasta mañana”.