Quizás en eso
consiste todo, en buscar un lugar en el
mundo, en encontrar ese espacio en el que sentirnos libres, en el que podamos
ser nosotros mismos y por qué no, en el
que poder ser felices.
Mientras sigo
buscando ese lugar, he decidido que estas páginas sean mi espacio, mi refugio
donde guarecerme en esa búsqueda, donde mostrarme como soy, donde expresar mis
miedos, certezas, dudas, confusiones, donde mostrarme incoherente, cabreado,
donde mostrar ternura, cariño….
Como dice la
canción “hoy vengo a ofrecer mi corazón”, no pretendo que nadie lo coja, sólo
aviso de ello, he tardado en aprender que no se puede gustar a todo el mundo,
que hay cosas en la vida en las que uno debe mantenerse fiel y otras en la que
se debe evolucionar, estar abierto a cambios, a críticas, pero siempre creyendo
en uno mismo.
LA DECISIÓN
Descorrió las
cortinas de la ventana y la lluvia se hizo presente, llevaba días escuchando
las gotas golpeando el cristal, pero no podía imaginar la negrura de aquella
mañana, el cielo parecía estar resquebrajándose, la lluvia era cada vez más
intensa y las calles desiertas parecían estar esperando un final.
Se quedó inmóvil
durante horas contemplando aquella imagen, tenía la sensación que en cualquier
momento el mundo se partiría en dos, quería salir de allí, huir, pero no sabía
cómo.
Fue hasta la
cocina y se calentó un café, lo suficientemente caliente para apaciguar el frío
que recorría su cuerpo, miró la habitación con calma, los libros, los cuadros,
las películas, todo aquello que formaba parte de su vida, todo aquello que le
definía, que mostraba como era, que le hacía más fuerte y a la vez más
vulnerable. Todo aquello iba a desaparecer aquella mañana, lo tenía decidido,
llevaba días pensando cuando dar el paso, cuando atreverse, cuando poner fin a
aquello y ahora tenía la sensación que había llegado el momento.
No sabía que
había pasado para estar tan seguro, durante todos esos días tuvo miedo, se
decía a si mismo que era lo mejor, que debía hacerlo, pero nunca veía el
momento, nunca se decidía, dejo de pensar, lo tenía claro.
Respiro
profundamente y abrió la ventana completamente, la lluvia comenzó a entrar en
su casa, su cara, su ropa cada vez estaban más mojadas, con ayuda de una silla
se subió al borde de la ventana y miró el cielo, seguía lloviendo, cada vez más
fuerte, desde aquel 5º piso el aire que golpeaba su rostro era frío, helado,
pero se sintió seguro, sonrió, miró al cielo y saltó al vacío.
En el aire
desplegó sus alas y voló, era la primera vez que lo hacía, se sintió fuerte,
libre, tanto tiempo escondiendo sus alas y por fin lo había hecho, respiro
aliviado y se dejo llevar.
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