miércoles, 8 de julio de 2015

Un día

La quería así, perfecta, llena de imperfecciones, pero perfecta, nunca se lo había dicho, pero era esa imperfección la que le hacía irresistible a sus ojos.

Los primeros rayos del sol entraban por la ventana y se quedó mirándola un buen rato, con el sol su piel adquiría un brillo especial, las pecas que recorrían su espalda se convertían en pequeños refugios donde guarecerse del frío. Cuando ella abrió los ojos, él no pudo evitar poner una sonrisa en su cara, se incorporó y tras darle un beso rápido y fugaz, se apoyó en el ventanal, le encantaba quedarse mirando el mar. Aquel piso no era el hogar que había soñado, si era sincero, no se parecía en nada a la casa en la que le gustaría vivir, pero ver el mar cada mañana compensaba el resto de defectos.
Llevaban viviendo allí cerca de tres años, cuando entraron a verlo, pensaron que estaban perdiendo el tiempo, pero fue ver el mar y tras una rápida mirada dijeron al unísono, nos lo quedamos.

A él le hacía gracia recordar las primeras veces que se vieron, ella le reconoció con el tiempo que no le soportaba, que le parecía un engreído prepotente, pero que no sabía cómo, poco a poco se fue haciendo imprescindible, cada vez que él se lo recordaba ella se enfurecía y acababa poniendo aquel gesto tan cómico cruzando los labios y la nariz.

Aquel día él lo había pedido libre en el trabajo, tenía que hacer varios recados y visitar a sus padres, hacía dos meses que su madre había salido del hospital y aún no había ido a verla, ella se lo reprochaba cada día, pero la pereza o el miedo a no querer afrontar otras cosas le hacían retrasar la visita.
Cuando terminaron de desayunar ella se dio una ducha rápida, se despidió con un beso y le dijo que les diese recuerdos a sus padres. Había intentado pedir también el día libre, pero fue imposible, su jefe no puso el menor interés e incluso le insinuó que le debía horas.

El día pasó deprisa, como si el tiempo por una vez, hubiese sido su aliado. Ya en casa y tras hacer la compra para sorprenderla con una cena lo más especial que su economía le permitía, se sirvió una copa de vino y comenzó a cocinar. Le gustaba cocinar, le relajaba, durante el tiempo que cocinaba su mente no pensaba en otra cosa, y eso era algo que a ella le sorprendía, ya que por lo general, no paraba de pensar, de darle vueltas a todo, de analizarlo todo, dejaba muy poco espacio a la imaginación, en cambio cocinando se dejaba llevar.

Pasadas las 10 comenzó a preocuparse, ella todavía no había vuelto, había veces que se quedaba a tomar algo con sus compañeras de trabajo y aunque solía avisarle no era la primera vez que se le pasaba.
A las 11 decidió cenar, recalentó lo que había cocinado y con cierta resignación disfrutó de la cena. Cuando acabó de cenar llamó al móvil de ella, la preocupación empezaba a ser nerviosismo, sonó varias veces y no contestó. Cada media hora se repetía la operación, llamaba, varios tonos y nada.
Cuando se dio cuenta eran más de las 2 de la madrugada, pensó en llamar a sus compañeras de trabajo, pero desecho la idea por la hora que era. Se sentó en el sofá y tras un suspiro bastante profundo abrió los ojos.

Estaba tumbado en la cama, empapado en sudor y con la respiración tremendamente agitada, sus ojos estaban en aquel momento clavados en el techo de la habitación, quiso girarse hacía el lado en el cual ella debía estar durmiendo, siempre y cuando todo aquello hubiese sido un sueño.

Comenzó a sentirse angustiado, su cabeza le pedía girarse, pero su cuerpo no hacía caso, su mente comenzó a imaginar miles y miles de posibilidades, pensó que todo había sido un sueño y que ella estaba dormida a su lado, también pensó que no había sido un sueño y que en un momento que no recordaba había ido del sofá a la cama, entonces las peores sensaciones comenzaron a apoderarse de él, su mente empezó a pensar que si que era un sueño, pero ¿desde cuándo, en qué momento de su vida había dejado de vivir y había empezado a soñar, cuánto era real y cuánto soñado?.
La angustia cada vez era mayor, el corazón le latía cada vez más rápido y en aquella vorágine cerró fuertemente los ojos y pensó:


-Mañana será otro día.